La primera vez que tuve noción de la existencia de Paquimé fue a través de la pantalla de televisión, recuerdo haber quedado impactado ante las imágenes que veía, nunca pensé que alguna cultura en el Norte de México hubiera sido tan importante como para dejar rastros arqueológicos de aquella proporción. Me prometí que algún día la visitaría para presenciar con mis propios ojos la misteriosa ciudad que un día desapareció y se llevó con ella gran cantidad de secretos.
El nombre en náhuatl de la Zona Arqueológica significa "Casas Grandes" muy ad hoc con el sitio puesto que la comunidad se destacaba por hacer sus estructuras de adobe con techos soportados con vigas, Esto permitía la construcción de pisos superiores que llegaban a contar hasta cuatro niveles en algunos casos. El día de hoy no es posible ver más que los restos o cimientos de lo que pudo haber sido una ciudad perfectamente diseñada.
Nadie se ha puesto de acuerdo de la verdadera razón de esta arquitectura, pero al parecer estas entradas a casas y habitaciones pudieron servir como medio de defensa o quizás por cuestiones religiosas. Pero eso sí, uno no puede quitarle los ojos de encima a este enigmático secreto y tratar de imaginar a los habitantes pasando a través de estas puertas.
Sin embargo, la gran herencia que dejaron son las vasijas de barro utilizadas como instrumentos ceremoniales o decorativos de gran calidad y perfección artesanal; Se han encontrado diseños con una gran muestra de rostros, partes del cuerpo, de animales, deidades y de simbología cultural, un verdadero ejemplo de su gran desarrollo social e intelectual.
La población de Paquimé llegó a alcanzar una comunidad de tres mil personas en su época de esplendor, por lo que el intercambio comercial resultaba de vital importancia
Debido a lo anterior, Paquimé se vio severamente dañada frente al cambio de las rutas comerciales, lo que significó el inicio de su decadencia. Al ver una población débil, sus enemigos aprovecharon e incendiaron la ciudad dando fin al que posiblemente fue el mejor ejemplo arqueológico de las Culturas del Norte. Hoy sólo quedan los restosde un pasado glorioso que quizás puedas escuchar con el silbido del viento mientras visitas el laberinto de sus muros de adobe.
Una visita por Paquimé y su museo resulta enigmática, asombrosa y reveladora; desgraciadamente al dejarla, uno siempre se quedará con mas inquietudes y preguntas, pero eso es lo que la convierte en un sitio digno de ser visitado una y otra vez para descubrir poco a poco los secretos que no tan facil serán revelados. ¡Orgullosamente Patrimonio de la Humanidad declarada por la UNESCO
articulo publicado en-http://www.elsouvenir.com/index.php/cat-unesco/273-paquime-el-misterio-del-desierto
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