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jueves, 1 de julio de 2021

Lemuria según las Crónicas de Akasha

 La cuarta raza-raíz, la atlante, fue precedida por la llamada Lemur durante cuya evolución tuvieron lugar sucesos de la máxima importancia con respecto a la Tierra y el hombre. 



Esto de acuerdo a las Crónicas de Akasha, una colección de artículos escritos por el filósofo y ocultista Rudolf Steiner a principios del siglo pasado. 

Lo que sigue a continuación, es un resumen de la parte dedicada al continente perdido de Lemuria. Presunta ubicación del continente perdido de Lemuria. 

De acuerdo a Steiner, documentos ocultos apuntan a que ese continente se hallaba situado al Sur de Asia y se extendía aproximadamente entre Sri Lanka y Madagascar. 

Lo que hoy es el sur de Asia y partes de África habrían pertenecido también a él. Sus habitantes no tenían la memoria completamente desarrollada. 

Si los hombres podían hacerse representaciones de las cosas y los hechos, éstas no le quedaban en la memoria. Por ello, carecían de un lenguaje en su verdadero sentido. 

Lo que podían expresar eran más bien sonidos naturales que revelaban sus sensaciones: placer, alegría, dolor, etc., pero no designaban objetos externos. 

Sus representaciones, no obstante, tenían una fuerza distinta de la que poseyeron en épocas más tardías. 

Con esa fuerza actuaban sobre el entorno. 

Otros hombres, animales, plantas e incluso objetos inertes, podían sentir esa acción y ser influenciados puramente por las ideas. 

De ese modo, el lemur podía comunicarse con sus semejantes sin necesidad de un lenguaje. Su comunicación consistía en una especie de «lectura del pensamiento». 

El lemur extraía la fuerza de sus ideas directamente de los objetos que le rodeaban. Fluía hacia él de la energía de crecimiento de las plantas, de la fuerza vital de los animales, y así comprendía las plantas y los animales en su vida y acción internas. 

Construcciones 

También comprendía de la misma manera las fuerzas físicas y químicas de los objetos inorgánicos. 

Cuando construía algo, no tenia que empezar calculando el límite de peso de un tronco de árbol, o el peso de una piedra; él podía ver cuanto podía soportar el tronco, dónde encajaría la piedra a causa de su peso y dónde no. 

Por eso, el lemur construía sin conocimientos de ingeniería, en base a su facultad de imaginación que actuaba con la seguridad de una especie de instinto.

 Además de ello, poseía un alto grado de poder sobre su propio cuerpo. Cuando era necesario, podía incrementar el peso de su brazo con un simple esfuerzo de la voluntad. 

Podía levantar así enormes pesos mediante su voluntad. Si más tarde el atlante se ayudaría con el control de la fuerza vital, el lemur se ayudaba gracias al dominio de la voluntad. 

Sin que malinterpretemos dichas palabras, era un mago nato en todos los campos de la actividad inferior humana. 

Los lemures no tenían viviendas en el sentido común, como tuvieron en sus períodos más tardíos; vivían allí donde la naturaleza les daba esa oportunidad. 

Las cuevas que usaban sólo eran modificadas y extendidas en la medida de lo necesario. 

Más tarde, ellos mismos construyeron esas cuevas y llegaron a lograr una gran habilidad en dichas construcciones. 

No hemos de imaginamos, sin embargo, que no hicieran otras construcciones más complejas, pero estas últimas no les servían de vivienda. 


En los primeros tiempos surgían por el deseo de darle a las cosas de la naturaleza, una forma hecha por el hombre. 

Se remodelaban las colinas de modo que fueran agradables y bellas en su forma. Se juntaban piedras con el mismo propósito o para usarlas en ciertas actividades. 

Hacia finales de ese período, los edificios que servían para cultivar la «sabiduría y el arte divino» se hicieron más imponentes y ornamentados. 

Esas instituciones eran muy distintas, en todos los aspectos, a lo que más tarde serian los templos, porque eran a la vez instituciones pedagógicas y científicas. 

Quien era considerado capaz, era iniciado en una ciencia de las leyes universales y en su manejo. Si el lemur era un mago nato, ese talento lo convertía ahí en arte y comprensión. 

Sólo se admitía a quienes, habiendo pasado toda serie de disciplinas, habían adquirido la capacidad de superarse a sí mismos al máximo. 

Lo que sucedía en esas instituciones permanecía el más profundo secreto para los demás. 

En ellas, se aprendía a conocer y controlar las fuerzas de la naturaleza contemplándolas directamente; pero la enseñanza se realizaba de tal modo que las fuerzas de la naturaleza se transformaban, dentro del hombre, en fuerzas de la voluntad y con ello el hombre mismo podía ejecutar lo que ejecuta la naturaleza. 

Lo que más tarde la humanidad lograría gracias a la reflexión y el cálculo, en aquella época tenía el carácter de una actividad instintiva. 

Pero no hemos de usar en ese caso la palabra «instinto» del mismo modo al que estamos acostumbrados en el reino animal, porque las actividades de la humanidad lemur estaban muy por encima de todo lo que el instinto animal es capaz de producir. 

Sus actividades llegaron aún a estar por encima de lo que la humanidad ha alcanzado en artes y ciencias por medio de la memoria, la razón y la imaginación. 

En los tiempos de Lemuria 

En aquellos tiempos remotos, el aire era mucho más denso, incluso más de lo que lo sería en los períodos atlantes tardíos, y el agua era mucho más tenue. Lo que hoy constituye nuestra corteza terrestre no era entonces tan duro. 

El mundo animal y vegetal se habían desarrollado hasta el nivel de los anfibios, aves y mamíferos inferiores y plantas semejantes a nuestras palmeras y similares. 

Lo que hoy existe en formas pequeñas, se desarrollaba entonces en dimensiones gigantescas. Los helechos eran verdaderos árboles que formaban grandes bosques. 

Los modernos mamíferos superiores no existían todavía. Por otra parte, una gran parte de la humanidad se hallaba en estado inferior de desarrollo que casi podríamos calificar de animal. 


Lo que hemos descrito se refiere tan sólo a una pequeña parte de la humanidad, el resto vivía en un estado animalesco. 

Religión de la voluntad 

Lo que se cultivaba en las mencionadas localidades del templo no era realmente religión; se trataba de la «sabiduría y arte divinos». 

El hombre sentía que en lo que se le daba había un don directo de las fuerzas espirituales del Cosmos. 

Cuando recibía esa dádiva se consideraba a sí mismo como un «servidor» de esas fuerzas universales y se sentía «santificado» de todo lo que no era espiritual. Si quisiéramos hablar de religión en esa etapa evolutiva de la humanidad, habríamos de llamarla «religión de la voluntad». 

El temperamento y la dedicación religiosa residía en el hecho de que el hombre custodiaba los poderes que se le habían otorgado como un «secreto» divino riguroso y de que llevaba una vida gracias a la cual santificaba su poder. 

Personas con estos poderes eran altamente respetadas y veneradas por los demás. 

Y esa veneración y respeto no eran evocados por medio de leyes o algo semejante, sino por el poder inmediato que ejercían esas personas. 

Los profanos se hallaban bajo la influencia mágica de los iniciados y era de lo más natural que estos últimos se consideraran personajes santificados, porque en sus templos participaban en la contemplación directa de las fuerzas activas de la naturaleza. 

Dirigían su mirada al trasfondo creativo de la naturaleza y experimentaban una comunicación con los seres que construyen el mundo mismo. 

Podríamos llamar esa comunicación «interrelación con los dioses». 

Lo que más tarde se desarrolló como «iniciación», como «misterios», surgió de ese modo originario de comunicación entre los hombres y los dioses. En tiempos posteriores, esa comunicación tuvo que variar, porque la imaginación humana, el espíritu humano, adquirió otras formas. 

La supremacía de las mujeres 

Un acontecimiento de especial importancia sucedió durante la evolución lémur, por el hecho de que las mujeres vivieran de la forma descrita. 

Con ello desarrollaron especiales capacidades humanas. Su facultad imaginativa, vinculada con la naturaleza, se convirtió en fundamento de un desarrollo más elevado de la vida de las ideas. 

Ellas acogían en su interior las fuerzas de la naturaleza, ejerciendo así una repercusión en el alma. De esa manera se crearon los gérmenes de la memoria. 

Con la memoria nació también la capacidad de formar los primeros y más sencillos conceptos morales. 

El desarrollo de la voluntad entre los del sexo masculino no tuvo que ver, en principio, con esto. 

El hombre seguía instintivamente los impulsos de la naturaleza o las influencias que emanaban de los iniciados. 

Fue por el modo de vida de las mujeres que comenzaron a surgir las primeras representaciones del «bien y el mal». 

Allí se empezaron a apreciar algunas cosas que habían hecho especial impresión sobre las representaciones y a aborrecer otras. 

Si el control, que se ejercía sobre el elemento masculino, iba dirigido más hacia la acción externa de los poderes de la voluntad, hacia la manipulación de las fuerzas de la naturaleza, en el elemento femenino se producían efectos a través del alma, originados por las fuerzas internas personales del ser humano. 

Sólo es comprensible el desarrollo de la humanidad si se tiene en cuenta que el primer progreso en la vida representativa lo hicieron las mujeres. 

El desarrollo ligado a la vida representativa, en la formación de la memoria, de las costumbres que generarían la vida jurídica, la vida moral, etc., proceden de ahí. Si un hombre había visto y ejercitado las fuerzas de la naturaleza, la mujer era la primera intérprete de dichas fuerzas. 

Así se desarrolló un nuevo estilo de vida especial a través de la reflexión, que tenía un aspecto mucho más personal que en el caso de los hombres. 

Ese elemento propio en las mujeres era también una especie de clarividencia, aunque difería de la la magia volitiva de los hombres. Anímicamente, la mujer era accesible a otro tipo de poderes espirituales que apelaban más al elemento afectivo del alma y menos al espiritual, al que estaba sujeto el hombre. 

Por ello, emanaba de los hombres un efecto más divino-natural y de las mujeres otro más divino- anímico. 

La evolución, por la que pasó la mujer durante el período lémur, desembocó en el ejercicio de un importante papel dado al sexo femenino en la siguiente raza-raíz, la atlante. 

Esa siguiente raza apareció bajo la influencia de entidades altamente desarrolladas, familiarizadas con las leyes de la formación de razas y capaces de guiar las fuerzas de la naturaleza humana existentes, por senderos que podían dar a luz una nueva raza. 

Destrucción y legado 

Lemuria era turbulenta; en realidad la Tierra de entonces carecía de la densidad que sólo más tarde llegaría a poseer. 

El terreno, aún de escaso grosor, se hallaba socavado por fuerzas volcánicas que se abrían paso en corrientes mayores o menores. 

Existían poderosos volcanes por todas partes y se producía en ellos una continua actividad destructora. 

Los hombres estaban acostumbrados a contar con esa ígnea actividad en todo lo que hacían y también utilizaban ese fuego en sus labores y medios. 

En sus ocupaciones, con frecuencia hacían uso del fuego, como lo hacemos hoy entre nosotros con el fuego artificial. 

Fue esa actividad del fuego volcánico que acabó destruyendo la Lemuria. 


La parte de la Lemuria desde la cual se iba a desarrollar la raza paterna de los atlantes, tenía un clima cálido y se hallaba libre de actividad volcánica. La naturaleza humana se pudo desarrollar con más calma y paz en esos lugares que en otras regiones de la Tierra. 

Se abandonó la vida más nómade de tiempos anteriores y se hicieron más numerosos los establecimientos fijos. Hemos de tener en cuenta que en aquella época, el cuerpo humano era aún muy moldeable y plástico; todavía cambiaba de forma cuando la vida interior se modificaba. 

No mucho antes, los hombres habían sido muy distintos en su forma exterior. En aquella época, la influencia externa de la región y del clima eran decisivos con respecto a su forma. Sólo en la colonia descrita, el cuerpo humano se convirtió cada vez más en expresión de su vida anímica interior. 

Y esa colonia tuvo una raza humana más avanzada y externamente mejor formada. Podríamos decir que, por la actividad que desplegaron, los guías habían creado por primera vez lo que realmente es la forma humana. 

Eso se produjo paulatinamente y de tal modo que primero se desarrolló la vida anímica humana y luego se adaptó a ella el cuerpo aún blando y maleable. Es una ley evolutiva de la humanidad el que, a medida que sigue el progreso, el hombre vaya perdiendo su influencia moldeadora sobre su cuerpo físico.

 Ese cuerpo físico humano recibió una forma relativamente invariable sólo cuando se desarrolló la facultad de la razón y se produjo el endurecimiento de las formaciones rocosas, minerales y metalíferas de la Tierra, vinculadas con ese desarrollo; puesto que en el período lémur e incluso en el atlante, las piedras y los metales eran mucho más blandos que hoy. 

Eso no es óbice para que existan descendientes de los últimos lémures y atlantes, que muestran hoy formas tan fijas como las de las razas humanas que se formaron más tarde. 

Esos remanentes, tuvieron que adaptarse a las distintas condiciones ambientales de la Tierra y por ello se hicieron más rígidos. Y esa es precisamente la razón de su decadencia. No se transformaron desde dentro, sino que su interior, menos desarrollado, fue obligado a endurecerse por influencia externa y forzado a estancarse. 

Ese estancamiento es en realidad un retroceso, porque la vida interna también degeneró, al no poder realizarse dentro de la rígida estructura corpórea exterior. La vida animal estaba sujeta a una variabilidad aún mayor. 

Aquí nos limitaremos a decir que las especies animales entonces existentes, se iban transformando constantemente, desarrollándose nuevas a su vez. 

Esa metamorfosis era gradual y se debía parcialmente al cambio de hábitat y al modo de vida. Los animales poseían una capacidad de adaptación a nuevas condiciones, extraordinariamente rápida. 

El cuerpo maleable modificaba sus órganos con relativa velocidad, de tal modo que en un tiempo más o menos breve, los descendientes de una especie particular se parecían muy poco a sus antecesores. Lo mismo sucedía, y aún en mayor medida, con las plantas. 

Lo que ejercía mayor influencia en la transformación de hombres y animales era el hombre mismo; y eso lo hacía llevando instintivamente ciertos organismos a un medio ambiente distinto, donde asumían ciertas formas, o realizando experimentos de hibridación. La influencia transformadora del hombre sobre la naturaleza era enorme entonces, si la comparamos con las actuales condiciones. 

Y eso era especialmente intenso en la colonia descrita, porque los guías dirigían en ella esa transformación de un modo del que los hombres no eran conscientes. 

Esto hizo que, al abandonar la colonia para fundar las diferentes razas atlantes, los hombres pudieron llevar consigo un elevado conocimiento de la hibridación de animales y plantas. 

La labor cultivadora en la Atlántida fue una consecuencia del conocimiento adquirido así. No obstante, hemos de recalcar también que ese conocimiento era de carácter instintivo y que en ese estado, permaneció esencialmente a lo largo de las primeras razas atlantes.



 La supremacía del alma femenina —ya descrita— fue especialmente fuerte en el último período lémur y se prolongó a épocas atlantes, durante las que se iba preparando la cuarta sub-raza. 

No hemos de imaginamos, sin embargo, que eso sucediera con toda la humanidad, sino sólo con aquella parte de la población terrestre de la que surgieron más tarde las razas verdaderamente avanzadas. Esa influencia ejerció el máximo efecto en todo lo que es «inconsciente» en el hombre. 

El desarrollo de ciertos gestos repetidos, los refinamientos de la percepción sensoria, el sentimiento de la belleza, una gran parte de la vida sensorial y afectiva, común a todos los seres humanos, surgieron originalmente de la influencia espiritual de la mujer. 

No exageramos al interpretar los registros de la Crónica Akáshica, diciendo: «Las naciones civilizadas tienen una forma y expresión corporales, y ciertos fundamentos de una vida físico-anímica, que fue grabada en ellas por las mujeres». Por Rudolf Steiner (1861-1925).
















Por Rudolf Steiner (1861-1925).

Artículo publicado en MysteryPlanet.com.ar: Lemuria de acuerdo a las Crónicas de Akasha https://mysteryplanet.com.ar/site/lemuria-de-acuerdo-a-las-cronicas-de-akasha/

El rey Arturo: ¿un mesías muy británico?

 


El Rey Arturo es sin duda uno de los héroes más perdurables de la era medieval, y ha significado muchas cosas para muchas personas durante cientos de años. Con el tiempo, la mitología de Arthur creció a medida que se añadían nuevas historias a las existentes y su fama se extendía por Gran Bretaña y más allá. Como resultado de su popularidad a lo largo de los siglos, el rey Arturo ha llegado a representar varias causas políticas como una figura simbólica, lo que le ha valido la reputación de "campeón de las causas".

Desde los rebeldes galeses medievales hasta los activistas antinazis del siglo XX, los pueblos británicos se han unido detrás del estandarte de guerra de Arthur desde una época antes de que existiera la idea de "Gran Bretaña". ¿Pero era Arthur algo más que un héroe para esta gente? Gran Bretaña ha tenido innumerables héroes a lo largo de su historia, pero ¿es la duradera y abrumadora popularidad de Arthur una señal de que se ha convertido en algo más? ¿Algo como un Mesías?

La mitología temprana

Es imposible saber cuándo se contaron por primera vez los primeros cuentos del Rey Arturo . La mitología de "Arturo" en su forma primordial parece haber comenzado poco después de la ocupación romana de Gran Bretaña ; su nombre se menciona en la poesía heroica de los bardos galeses Taliesin y Aneirin, así como en el misterioso "Ambrosius Aurelianus" del que se habla en La famosa obra de Gildas Sobre la ruina y la conquista de Gran Bretaña . Sin embargo, hay evidencia anterior de que los cuentos sobre Arturo se transmitieron oralmente en los idiomas celtas antes de ser escritos, por lo que es posible que ya hayan estado circulando durante algún tiempo en el siglo quinto.

Sin embargo, con la escritura de Gildas, la leyenda de Arthur se escribió por primera vez en latín y, por lo tanto, se convirtió en parte del grupo literario romano-británico. En su obra, Gildas nos da la primera impresión de la figura heroica que vendría a definir cómo se representaba a Arturo en textos posteriores:

“Un remanente, al que los ciudadanos miserables acuden de diferentes lugares en todos los lados ... toman las armas y desafían a sus vencedores a luchar bajo Ambrosius Aurelianus. Era un hombre de carácter modesto que, el único de la raza romana, logró sobrevivir al impacto de tal tormenta ".

Migración y asentamiento anglosajón en Gran Bretaña (mbartelsm / CC BY-SA 3.0 )

Después de que los crueles sajones diezmaron a los británicos y les quitaron sus tierras, los sobrevivientes se unieron detrás de su campeón y lucharon por reclamar sus tierras, culminando con la victoria en la Batalla de Badon Hill.

Esta imagen idealizada del defensor y salvador del pueblo británico contra la codicia malvada de los sajones conquistadores cobró impulso en la Edad Media, cuando otros autores retomaron la tradición y el nombre Ambrosius se convirtió en Arturo. La ecléctica historia del siglo IX conocida como Historia Brittonum describe al "magnánimo" Arturo como líder de todos los reyes de Gran Bretaña y sus fuerzas armadas, enumerando las doce batallas contra los sajones en las que fue elegido como su comandante. Es en la Historia Brittonum donde Arthur comienza a asumir la personalidad de algo más que un héroe ordinario, y las cualidades sobrenaturales comienzan a emerger en su personaje:

El duodécimo fue un concurso de lo más severo, cuando Arthur penetró en la colina de Badon. En este compromiso, novecientos cuarenta cayeron solo por su mano, nadie más que el Señor le prestó ayuda ".

Ningún guerrero singular, sin importar su competencia, podría lograr tal hazaña, pero los relatos de las habilidades milagrosas de Arthur aparecen nuevamente en la Historia de los reyes de Gran Bretaña del siglo XII de Geoffrey de Monmouth Geoffrey describe cómo Arthur llevó a los británicos a la batalla contra el ejército sajón:

“ Mientras invocaba a Dios, mataba a cualquier hombre que tocaba de un solo golpe y avanzaba hasta que con Caliburnus [Excalibur] solo había derribado a cuatrocientos setenta hombres”.

Tal fuerza y ​​habilidad sobrehumanas hacen que Arthur sea más que un héroe ordinario, más mitología que hombre, pero las cualidades sobrenaturales por sí solas no transforman a Arthur en una figura mesiánica . Es en los escritos de Geoffrey de Monmouth donde otras cualidades mesiánicas comienzan a aparecer en Arthur.

El elegido de Dios

Muchos de los cuentos medievales escritos sobre Arturo, o personajes como Ambrosius Aurelianus, que suponemos equiparan a Arturo, describen su asociación con Dios y atribuyen sus éxitos en la batalla a la ayuda divina. Sin embargo, esto no era algo inusual para los autores medievales, ya que se creía ampliamente que los eventos del mundo estaban controlados por la providencia divina y, por lo tanto, la victoria en la batalla solo se lograría si Dios lo deseaba. También era común que los héroes medievales fueran descritos como agentes del Señor o luchando en el nombre del Señor, porque la devoción a Dios se consideraba parte de ser un buen guerrero.


Muchas leyendas artúricas posteriores tienen connotaciones cristianas, como la Búsqueda del Santo Grial (Évrard d'Espinques / Public Domain )

Arturo, aunque ciertamente era uno de los guerreros "elegidos" de Dios, también estaba protegido por la Virgen María , y esto lo hacía más inusual. Según la Historia de los reyes de Gran Bretaña, Arturo era un hombre piadoso, que llevaba un escudo en el que estaba representada la Santa Madre María, para poder mantener su imagen con él siempre.

También se dice que llamó a la Virgen María para que lo ayudara en la batalla y le diera la fuerza para matar a cualquier hombre que tocara de un solo golpe. La Historia Brittonum también relata la victoria de Arturo sobre los sajones a través del poder de la Santa Madre, cuya imagen Arturo llevaba sobre sus hombros.

Hay un pasaje similar en los Anales de Gales (los Annales Cambriae ) en el que se describe a Arturo cargando la cruz de Jesucristo en su hombro durante tres días y tres noches. Esto ciertamente incita a una fuerte imaginería mesiánica, recordando la historia de Jesús llevando la cruz a su propia crucifixión.


Arthur después de la Batalla de Badon, representado con una cruz en el hombro. Catedral de Cymru (Llywelyn2000 / CC BY-SA 4.0 )

Sin embargo, tanto este pasaje como el similar de la Historia Brittonum probablemente se debieron a una mala traducción: la palabra galesa para "hombros" es iscuida , mientras que la palabra para "escudo" es iscuit , por lo que parece probable que en ambos casos Arthur fue llevando la imagen de María o la cruz en su escudo, como informa Geoffrey de Monmouth, en lugar de sobre sus hombros.

Santa Madre de Arturo

A través de su asociación con la Virgen María, la imagen de Arthur se vuelve aún más parecida a la de Cristo, no solo en las historias escritas sobre él, sino también a través de las historias de la Abadía de Glastonbury y su papel como patrón de la iglesia de Glastonbury. Glastonbury se había asociado durante mucho tiempo con la Virgen María, y la iglesia original construida en el sitio por José de Arimatea había sido consagrada a María según Antigüedades de Glastonbury de William of Malmesbury .

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Arthur se asoció con la abadía de Glastonbury después del supuesto descubrimiento de sus huesos en el cementerio de la iglesia en 1191, y luego las crónicas de la abadía comenzaron a escribir a Arthur en su historia y a establecer vínculos más estrechos entre él y su patrona, Mary. Las Crónicas de la abadía de Glastonbury del siglo XIV , que se presume fueron escritas por el monje Juan de Glastonbury, cuentan cómo Arthur es visitado en un sueño por un ángel del Señor mientras visitaba Glastonbury, instándolo a ir a la cercana ermita de María Magdalena.

Las ruinas de la abadía de Glastonbury (lovelygrey / dominio público)

Las ruinas de la abadía de Glastonbury (lovelygrey / dominio público )

Al visitar la capilla allí, Arthur tiene una visión de la Santa Madre y su hijo pequeño, Jesucristo, en la que le promete servidumbre y devoción y, a cambio, la Virgen María le entrega una cruz de cristal como símbolo de su protección. John también afirma que después de este encuentro, Arthur elige cambiar su escudo para que muestre tanto la cruz como la imagen de la Santa Madre.

No solo sus conexiones con la Santa Madre, sino también el tema de la propia ascendencia de Arthur y la naturaleza portentosa de su nacimiento trazan paralelos con Cristo y la historia de su nacimiento. Arturo no fue concebido inmaculadamente, por supuesto, como Cristo, pero la historia de la concepción de Arturo es indudablemente también sobrenatural y quizás incluso divinamente ordenada.

La historia es familiar, apareció por primera vez en Geoffrey of Monmouth's History, pero se volvió a contar muchas veces desde entonces. Uther Pendragon , rey de los británicos, deseaba a Lady Igerna (más conocida como Ygraine), que era la esposa de Gorlois, duque de Cornualles . Cuando Gorlois se enteró de esto, escondió a Igerna en el castillo de Tintagel , pero Uther no se dejó disuadir.

Castillo de Tintagel, Cornualles (Alexey Fedorenko / Adobe Stock)

Castillo de Tintagel, Cornualles ( Alexey Fedorenko / Adobe Stock)

Uther reclutó la ayuda de Merlín , un ser de poder sobrenatural e hijo de un íncubo y una mujer humana, que transformó mágicamente a Uther para que apareciera como Gorlois para poder entrar al castillo e Igerna. Así fue concebido Arthur.

Si bien la historia en sí no tiene ningún parecido directo con el relato bíblico de la concepción y el nacimiento de Cristo, la naturaleza sobrenatural del nacimiento de Arturo lo eleva a un estatus similar al de ser "elegido" desde su nacimiento por su grandeza. La influencia de Merlín, una figura de parentesco divino, implica la mano de Dios trabajando en la creación de Arturo y un propósito divino para el futuro del niño, y ese propósito era ser el salvador de su pueblo.

Rey Arturo, Salvador de Gran Bretaña

Desde sus primeras representaciones, Arthur siempre ha sido visto como un salvador de una manera similar a Cristo. La diferencia entre ellos es que mientras Cristo iba a ser un líder espiritual, Arturo era un militar y actuó como salvador ganando batallas contra los enemigos de su pueblo. Las historias latinas - Gildas, la Historia Brittonum , Geoffrey de Monmouth - retratan unánimemente a Arthur como liberando a su pueblo del flagelo sajón, y Geoffrey de Monmouth va un paso más allá para agregar imágenes bíblicas al cuento.

Los sajones fueron representados en la Historia como un pueblo guerrero (Garyuk31 / Dominio público)

Los sajones fueron representados en la Historia como un pueblo guerrero (Garyuk31 / Dominio público )

En la Historia de los reyes de Gran Bretaña se hace referencia sistemáticamente a los sajones como "malvados", de "mala reputación" o "paganos traidores" , una terminología sorprendentemente similar a la utilizada en los textos cristianos para referirse al Diablo y sus agentes, que a menudo se describen como "inmundos" y "malvados", y el "enemigo de la raza humana". Entonces, si los sajones son agentes de Satanás, entonces Arturo, como su enemigo, se vuelve como Cristo y mientras derrota a los sajones , actúa como salvador de su pueblo tanto en una capacidad terrenal como divina.

No solo en los textos latinos, sino también en la literatura galesa y bretona , Arthur parece desempeñar un papel mesiánico como salvador de su pueblo, incluida la historia de Culhwch y Olwen, o la poco conocida hagiografía de Cornualles La vida de San Goeznovius . La imagen de Arturo como Mesías era tan fuerte en el zeitgeist cultural galés medieval que partes de Gales y Cornualles se autoidentificaron como “el país de Arturo”. Cuando la conquista anglo-normanda comenzó a extenderse a Gales como lo había hecho con los sajones antes que ellos, los británicos recurrieron a Arturo como símbolo de resistencia, ya que había expulsado a los invasores de sus tierras una vez antes.

Para los británicos medievales, Arturo era más que un héroe de guerra y símbolo de rebelión; se había profetizado hacía mucho tiempo que un día Arturo resucitaría, como Cristo, y volvería para liberar a su pueblo de sus opresores y gobernar una vez más como rey. Aunque la profecía de la resurrección de Arturo fue vista con mucho desprecio en la literatura anglo-latina, no obstante fue popular después de que Geoffrey de Monmouth la incluyó en su Historia .

En la historia de Geoffrey, Arthur es herido de muerte por el traicionero Mordred en la batalla de Camlann y llevado a la Isla de Avalon, donde su pariente de sangre Morgana iba a curar sus heridas. Allí espera el tiempo predicho por Merlín que Dios ha ordenado para que gobiernen los británicos, en el que Arthur regresará.

La muerte de Arthur (James Archer / Dominio público )

Geoffrey amplía la historia en su trabajo posterior, Vita Merlini o Life of Merlin . En esta versión, tanto Merlín como el bardo galés Taliesin acompañan a Arturo a Avalon y Merlín proclama que la invasión sajona es un castigo de Dios por los pecados de los británicos:

“Sobre ellos vendrá el pueblo sajón, feroz en la guerra, que de nuevo nos derribará cruelmente a nosotros ya nuestras ciudades, y violará la ley de Dios y sus templos. Porque ciertamente permitirá que nos sobrevenga esta destrucción a causa de nuestros crímenes, para que pueda corregir a los necios ".

Taliesin responde que Arthur volvería para "ahuyentar al enemigo con su acostumbrado vigor y restablecer a los ciudadanos en su antigua paz", pero Merlín profetiza que Arthur no regresará hasta que:

Conan vendrá en su carro desde Bretaña, y Cadwallader, el venerado líder de los galeses, que unirá a escoceses y cumbrianos, habitantes de Cornualles y hombres de Bretaña en una liga firme, y devolverá a su pueblo la corona perdida, expulsando al enemigo. y renovando los tiempos de Bruto ".

Merlín se refiere a otros héroes galeses y bretones en este pasaje, pero Taliesin expresa la creencia de la gente común de que es Arthur quien regresará de su largo sueño para salvarlos de la tiranía y restaurar a los británicos a su antigua gloria.

¿Una figura mesiánica?

La imagen del rey Arturo como el salvador del pueblo británico fue tan poderosa que resistió siglos, incluso en el siglo XX, cuando los sentimientos anti- alemanes se hicieron fuertes en la comunidad británica a raíz de la Gran Guerra y el período previo a la Guerra Mundial. Segunda Guerra . Como líder británico que había triunfado sobre los pueblos germánicos (sajones) en el pasado distante, Arthur fue invocado como un punto de reunión para la causa nacional y un símbolo del patriotismo británico.

Arthur todavía ocupa un lugar importante en la identidad de Gran Bretaña, y seguramente lo tendrá durante muchos siglos más, ya sea que su pueblo continúe viéndolo como una especie de Mesías o como un hombre mortal común, aunque sea uno de los grandes.







Por Meagan Dickerson

https://www.ancient-origins.net/history-famous-people/king-arthur-0015521