Foto: Sello con una antigüedad de 4.000 años en el que se muestra un enigmático unicornio. Fue hallado en el enclave de Mohenjo-daro (Pakistán).
Fuente: elconfidencial.com | 25 de octubre de 2015
A lo largo del siglo XX, diversas excavaciones permitieron descubrir cada vez más información sobre esta civilización que floreció entre el 2600 y el 1900 a.C. en un el vasto terreno del valle del Indo que hoy en día abarca gran parte de Pakistán, el sur de Afganistán y la parte occidental de la India. Esto la convierte en la civilización antigua más extensa, que pudo llegar a estar compuesta por un millón de habitantes. Hoy en día, y a pesar del enigma que rodea gran parte de su historia, se considera una civilización a la altura de la egipcia y la mesopotámica.
Sin embargo, restos de posible escritura aparecidos en sellos de barro cocido y piedras lisas han estado volviendo locos a los investigadores desde finales de los años 60. En uno de los más célebres se puede ver lo que nuestra cultura consideraría un unicornio (¿o es un toro?), junto a signos pictográficos que recuerdan poderosamente al rongorongo, el sistema de escritura de la Isla de Pascua.
“Una vez vistas, las marcas en la piedra no pueden olvidarse”, explica en el artículo. Robinson las observó por primera vez a finales de los 80, cuando se le pidió participar en un documental sobre el enigma indo, el cual nunca salió a la luz y cuyo objetivo era premiar con una cuantiosa cantidad a aquel que pudiese descifrar el código.
El enigma de las rocas
“Son pequeñas obras maestras de un realismo controlado, con una fuerza monumental para, por una parte, ser totalmente desproporcionadas respecto al tamaño, pero, por otra, completamente fieles”, dejó escrito Mortimer Wheeler. Pero ¿de qué se trata exactamente? Robinson intenta responder a la pregunta a partir de los más de 100 intentos que en vano se han propuesto descifrar el enigma, el último de ellos este mismo año, cuando el profesor de la Universidad de Harvard, Bryan Wells, aseguró en un libro que se trataba de un gran sistema de 958 signos.
Si tan complicado resulta resolver el acertijo es porque el material del que se dispone no da mucho de sí, al contrario de lo que ocurrió a lo largo de los últimos siglos con el egipcio o el linear A de la civilización minoica de Creta. No hay una inscripción bilingüe como la de la Piedra Rosetta, ni conocemos los nombres de los dioses o héroes indos que puedan darnos una pista. Tampoco los investigadores están seguros del idioma que puede haber antecedido este tipo de escritura. Algunos han asegurado que se trata de un precursor de lsánscrito, aunque Robinson se decanta por el dravidiano, desarrollado en el sur de la península india.
Las fronteras de nuestro conocimiento
Lo que por el lado tecnológico es esperanzador, por el político es desesperante. Robinson recuerda que la zona arqueológica más rica sufre una gran inestabilidad, como ocurre en el Colistán pakistaní, muy cerca de la frontera con India, y donde se encuentra la ciudad de Ganweriwala, que puede arrojar tanta luz sobre la vida de los habitantes de la zona como Harappa y Mohenjo Daro. Ello ha provocado que durante las últimas décadas la investigación se haya paralizado. De la voluntad de inversores depende que el indo pase a engrosar la lista de lenguas como el linear A, el etrusco, el rongorongo o el egipcio que han sido descrifradas en el último siglo o siga siendo uno de los grandes misterios de la historia humana.
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